ANGÉLINE y la Leyenda de los Gatos
Una leyenda local en el pueblo de La Romieu, Francia, donde se cuenta que los gatos salvaron a los habitantes de morir de hambre en el siglo XIV, protegiéndolos de una plaga de ratones y ahora son honrados con estatuas felinas en el pueblo, marcando un sendero temático.
En 1338, en un pueblo de Gascuña llamado LA ROMIEU, famoso por su hermosa colegiata construida 20 años antes, vivían felices Vincent y Mariette. Vincent era lenador y su esposa lo acompañaba muchas veces al bosque para ayudar a recoger los troncos. El trabajo era duro, pero nunca les faltó comida, gracias a sus gallinas, su cerdo y las frutas y verduras que recogian de su huerta. A los tres años de su matrimonio, Mariette dio a luz a una niña, a la que llamaron Angéline. Desgraciadamente, Vincent falleció aplastado cuando talaba un árbol.
Mariette, estaba desconsolada y cada vez más deprimida. Dos meses más tarde, la encontraron muerta con Angéline en sus brazos.
La pequeña Angéline fue adoptada por una vecina, quien la trató como una hija más. A la niña le encantaban los gatos. Siempre tenía a su alrededor dos o tres gatos que dormían en su cama y ella compartía su comida con ellos.
Con el paso de los años, Angéline se convirtió en una jovencita que, de buen grado, ayudaba a sus padres adoptivos en las tareas del campo, siempre acompañada de sus gatos. El invierno de 1342, y de los dos años siguientes, fue duro; la primavera y el verano fueron tan lluviosos que no se pudieron sembrar las tierras. Como resultado, hubo una gran escasez de alimentos y, a pesar de la distribución de reservas de la iglesia por Lord Arnaud d’Aux, la gente pronto se quedó sin comida. En-tonces, pensaron en todos los gatos que vivían en el pueblo y decidieron utilizarlos como alimento.
Los padres de Angéline, siendo conscientes de lo mucho que ella amaba a sus gatos, decidieron mantener a salvo a un gato macho y una hembra. siempre que ella los mantuviera bien escondidos, puesto que, de lo contrario, los vecinos estarían tentados de retorcerles el pescuezo.
Angéline los encerraba durante todo el día en el desván y por la noche los dejaba salir a cazar. La hambruna empeoró y muchos habitantes del pueblo murieron. Angéline y sus padres lograron sobrevivir recolectando raices y, a veces, setas de las maderas; su existencia era precaria.
Aunque muy debilitados, pudieron subsistir y llegaron tiempos mejores consiguiendo ganarse la vida. Pero, en LA ROMIEU, donde todos los gatos habían desaparecido, las ratas habían proliferado de tal manera que los cultivos peligraban. Angéline, durante todo este tiempo había escondido con mucho cuidado a sus gatos y a las camadas que tuvieron. Tenía unos 20 gatitos jugando en el desván. Por suerte, la casa estaba bien aislada.
Los habitantes del pueblo se lamentaban por los destrozos que habían causado las ratas. Fue entonces cuando Angéline anunció que liberaría
unos 20 gatitos para que la gente los pudiera adoptar. Las ratas desaparecieron rápidamente y fue así como Angéline salvó a LA ROMIEU de una nueva desagracia. Cuenta también la leyenda que Angéline, con el paso del tiempo, fue pareciéndose cada vez más a un gato, y sus orejas poco a poco se transformaron en orejas de gato.
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